Juan García Única

No tan imposible

In literatura on 10 mayo, 2011 at 13:33

Para hablar de un libro, y no de uno cualquiera sino de uno de los mejores que he podido leer últimamente, debo empezar por ensayar una distinción que acaso resulte precipitada y acaso también algo tópica. Aquella que traza una línea, no tan meridiana, entre la persona inteligente y la persona sabia. Pero prometo que serán sólo un par de trazos. Quizá las cualidades de la persona inteligente estén relacionadas con la inmediatez y el pragmatismo, mientras que las de la persona sabia tengan más que ver con el alcance y la reflexión. Una persona inteligente puede resolver complejas ecuaciones o escribir páginas algo más que aceptables, pero una persona sabia se pregunta, además, por y para qué hacerlo. Y, efectivamente, no tiene elección. En ese sentido, ni los inteligentes son inteligentes todo el tiempo ni tampoco lo son los sabios, pero, en general, creo que se aceptará que por definición todas las personas sabias son inteligentes mientras que no todas las personas inteligentes son por definición sabias.

Sé que no he descubierto la pólvora señalando esto, a lo que yo mismo le pondría no pocos reparos de haber hecho el esfuerzo de esmerarme un poco más en los matices, pero he tenido que hacer este ejercicio para no sucumbir demasiado pronto -diría que para no morder el anzuelo- a la tentación de creerme que tiene razón Erika Martínez en el aforismo que da inicio a esa especie de dodecálogo final sobre dicho género que se incluye en Lenguaraz, el libro al que he anunciado que me iba a referir:

Sólo la juventud es suficientemente osada como para escribir aforismos, sólo la vejez suficientemente sabia. Los aforismos son un género imposible.

Un mero apunte antes de disentir: Lenguaraz, que es un libro coqueto hasta en su preciosa encuadernación naranja, acaba de ver la luz en la editorial valenciana Pre-Textos. Y es magnífico. A mí, aunque me equivoque, me gusta pensar que ha sido concebido con una estructura rítmica más que temática. Con un ritmo casi exacto, numérico. No en vano, Lenguaraz consta de tres secciones principales -«La concentración», «Las corredoras» y «La ráfaga»-, con tres ciclos aforísticos la primera y dos las que le siguen, conteniendo cada uno de ellos veinte aforismos acerca de casi todo, dado que el número, como leemos en la Escritura (Sabiduría 11, 20), acompaña al peso y a la medida de las cosas. Una cuarta y última sección, «Hematomas», constituye propiamente lo que he señalado como una especie de dodecálogo sobre el género: doce aforismos surgidos de un golpe. Ahí es nada. Ahora vuelvo al que cito arriba, que introduce este último apartado, pero no sin antes recordar que Lenguaraz es un libro que se resume perfectamente a sí mismo: «Escritura y muerte: inspiración-expiración, inspiración-expiración». Sólo que no necesariamente hay que leer esos términos de acuerdo con claves románticas (sabe bien la autora que el romanticismo es odioso), sino de una manera mucho más desacostumbrada: «Somos capaces de sentir con cada parte del cuerpo. Quisiéramos poder pensar de esa manera».

Y así, pensando pensando en este género imposible de los aforismos, he llegado a la conclusión de que no tiene razón Erika Martínez. Más que nada porque el aforismo que he citado en primer lugar me recuerda que, como dice Adam Zagajewski en su más que aconsejable Dos ciudades, los autores de los libros: «Aman las paradojas y les gusta sorprender al público. Es cierto que en principio buscan la verdad, pero si por el camino dan con una paradoja deslumbrante, se olvidan del objetivo de su peregrinación». Quien, por su parte, ha sido capaz de escribir un libro como Lenguaraz es obviamente una persona inteligente, pero sobre todo es una persona sabia. Además de osada. Porque la juventud y la vejez, a diferencia de la postmodernidad, sí que son complementos circunstanciales en la sintaxis de una vida, se acepte este hecho con melancolía o sin ella. Sospecho que para poner sobre el tapete una paradoja así hace falta algo más que una fecha de nacimiento: hace falta visión, alcance, reflexión sin impostura.

Por eso espero que Erika Martínez no se me enfade por quitarle la razón (se lo recuerdo: «Todo aforismo exige su refutación»). El caso es que siendo muy inteligente ha escrito algunos aforismos sabios. Bueno, quizá son más que algunos. Los he leído todos y diría que hay bastantes que son muy sabios. Pero mucho. De hecho, no recuerdo uno solo que no lo sea.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: