Juan García Única

En contra y a favor de la normalidad (I)

In sentido común on 15 octubre, 2014 at 17:33

Se ha quedado añeja, pero me gusta recordar la siguiente anécdota: si no recuerdo mal, la Liga 2004/2005 la ganó el Barça, pero como no es del todo cierto que al final sólo quede en la memoria el nombre del ganador, les aseguro que yo -madridista acérrimo- puedo recordar, con mucha más nitidez que ese dato, otras cosas que también ocurrieron en el fútbol español por aquellos días. En concreto, ha querido el azar que sean cuatro: una, que un centrocampista llamado Miguel Ángel, a la sazón jugador del Málaga CF, hizo una de las mejores temporadas de su vida; dos, que el Betis también hizo una de las mejores temporadas de su historia y que quedó cuarto, clasificándose para jugar la Champions League de la temporada siguiente; tres, que el Betis acabó fichando a Miguel Ángel ese mismo verano; y cuatro, que Miguel Ángel concedió una entrevista a un programa deportivo en el que urdió el siguiente razonamiento, erróneo pero relativamente bien construido: si la Liga española es la mejor liga del mundo y el Betis, que juega en la Liga española, ha quedado cuarto, entonces me ha fichado el cuarto mejor equipo del mundo.

Ya sé que no se puede dar por hecha, para empezar, la universalidad de la primera proposición («la Liga española es la mejor liga del mundo»), que resulta ser más bien un mero juicio de valor y que a partir de ahí falla todo lo demás. Pero la estructura del razonamiento de Miguel Ángel, pese a sus fallos lógicos, no deja de ser la de un silogismo categórico de diccionario:

1. La Liga española es la mejor liga del mundo.

2. El Betis ha quedado cuarto en la Liga española.

3. El Betis es el cuarto mejor equipo del mundo.

He pensado muchas veces en ello durante estos días, en los que resulta evidente que determinados postulados animalistas han empezado a tener una presencia considerablemente mayor que hace un tiempo en los medios de comunicación masivos. Supongo que, de interesarme el animalismo hasta el punto de comprometerme con su cosmovisión, lo que no es el caso, me preocuparía sobre todo por ver cómo se articulan en primera instancia y de forma compleja esos mismos postulados suyos que luego pasan (simplificados al máximo, supongo) a los medios de comunicación; es decir, si quisiera tener un conocimiento profundo del tema, tendría que olvidarme de las mil cosas que me atarean en este momento y empezar a hacer el camino en la dirección opuesta que he seguido hasta ahora: tendría que ir de la academia, que da legitimidad y consistencia a esos postulados que todos los que no somos animalistas hemos conocido ya estos días, a los medios, que les dan soporte y difusión masiva.

Sucede, sin embargo, que estoy dispuesto en este momento a dedicarle algo más que un par de entradas o tres de este blog a, por ejemplo, el concepto de Edad Media o las diversas formas de enunciación de la poesía medieval, asuntos que me requieren estudio y concentración prolongada, pero que yo soy el primero en reconocer como mucho menos importantes y destinados a un contexto de recepción que, de entrada, sólo puede ser el académico, eminentemente minoritario. En otro nivel, el de las batallas del día a día y las redes sociales, todo lo que concierne al animalismo y su lucha, por ahora, me interesa sólo en la medida en que sirve de ejemplo acerca de cómo una visión angular del mundo (llámese animalismo, veganismo, o sus contrarios, especismo, carnismo, etc.) lucha por dos cosas que parecen la misma no siéndolo en absoluto: por denunciar que sus posiciones éticas son invisibilizadas bajo la excusa de atentar contra el sentido común, sea lo que sea eso, por una parte; y, por otra, por convertirse, a su vez, en parte del acervo de ese mismo sentido común que, en lugar de invisibilizarlas, se supone debería servir para despertar conciencias. Es decir, más que el tema en particular, me interesa el proceso por el que algo busca –llamémoslo así– «concienciar», convertirse en sentido común o normalidad.

Como mi tiempo de lectura, ya lo he dicho, está ahora consagrado en su mayor parte a otros menesteres menos importantes para el resto de la humanidad, pero estúpidamente fundamentales para mí, he decidido que quería plantearme el tema de la pugna de las cosmovisiones angulares por convertirse en sentido común o normalidad recurriendo fundamentalmente al cine, que para eso está. El tema daría para mucho. Ustedes habrán observado, si tienen como yo el Canal Historia en casa, que por él proliferan más los extraterrestres que Napoleón. No sé si alguien ha logrado explicar de manera definitiva cómo llegó a construirse el conjunto monumental de Stonehedge, en la actual Irlanda, pero la idea recurrente de una inteligencia alienígena superior que tutela y envuelve con su manto de protección los orígenes de la humanidad resulta, en principio, tranquilizadora (claro que, por lo que al cine respecta, también podríamos hablar de una súper-especie protectora animal que no viene del espacio exterior, sino de las propias entrañas del mar -esto es, de la Tierra nutricia- para proteger a unos humanos prejuzgadores de su animalidad y confundidos por ella a un tiempo, ¿han visto la última Godzilla?). No tranquilizadora, sino inquietante, resultaría la misma idea relatada al revés: esa misma inteligencia superior se organiza y nos invade para acabar con todos nosotros, demostrándonos lo que se sentiría en el caso de ser, no ya el animal dominador, sino la propia especie dominada. La pregunta no es nada tonta, pero no se me ha ocurrido a mí: yo me limito a hacer pequeñas variaciones sobre lo que la plantea, más o menos, Gustavo Bueno a Íñigo Ongay de Felipe en el turno de preguntas recogido hacia el final de este vídeo (juzguen ustedes si les convence la respuesta de Ongay o no, que yo en eso no pienso extenderme ahora).

Por poco que tengan que ver, y aun sabiendo que corro el riesgo de ser injusto en la comparación, he observado que algo más tienen en común los programas de pseudo-historia, que se esfuerzan por demostrar cómo la civilización maya era de origen extraterrestre, y algunas argumentaciones favorables a ampliar el umbral de la personalidad hasta abarcar por igual a los animales humanos y no humanos: si los primeros insisten en que pueden plantearse lo que la «ciencia convencional» no se plantea, las segundas parecen operar ya, de hecho, a partir de una distinción entre «ética estándard» y ética de su causa. Juraría que esta última empieza en un momento dado a ser considerada como una suerte de punto cero a partir del cual fundar lo nuevo y remover los cimientos de todo lo anterior. Y es posible que así sea. En la conferencia de Ongay de Felipe que arriba enlazo, podrán comprobar cómo él mismo no se molesta demasiado en desmentir la etología de Frans de Waal (atáquenme por ahí, que cito de oídas), en la medida en que admite que tal vez no haya tanta diferencia en el hecho de que un humano pueda reconocer su propio rostro en el espejo y un perro su propio rastro en el parque, algo que, no por llegar por vía olfativa, deja de ser una forma –todo lo primaria que se quiera– de autoconciencia. Nos reímos, sin embargo, del tipo de los ovnis del Canal Historia y nos tomamos cada vez más en serio a los etólogos que defienden dar carta de ciudadanía de los animales que conviven con nosotros. No juzgo moralmente este hecho, pero sí quisiera explicarme por qué se da.

Bien. Vaya por delante que yo soy defensor de la siguiente idea: quien va a ver una aparición de la Virgen, convencido de que la Virgen existe, no es un ignorante sino alguien que ve a la Virgen. Como el razonamiento del futbolista que puse arriba, ve lo que una serie de concatenaciones que le parecen lógicas -se puedan validar luego o no, que eso es otra historia- le demuestran que ve, ya sean ovnis o civilizaciones animales. Nada deja de tener una lógica interna, ni una racionalidad orientada a las conclusiones necesarias para confirmarla.

Dije que me iba a plantear este tema a través del cine, pero todavía no he entrado a fondo en materia: en otra entrada, analizaremos el excelente documental de Werner Herzog, que pueden ver aquí, titulado Grizzly Man (2005).

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: